A partir del siglo XV la historia de Espeja como villa y centro de una comarca de cierta entidad, va a ocupar un segundo plano como consecuencia de un hecho que, a partir de ahora, va a condicionar en gran medida el modo de vida y las relaciones habituales de la zona. Me refiero a la fundación, cerca del lugar de Guijosa, del Convento de Santa María de Jerónimos de Espeja.
La ubicación del Convento en el término de Espeja cambiaría, de forma considerable, la mentalidad de los lugareños, las propias relaciones sociales y económicas, va a introducir en la comarca un nuevo sentido religioso y, lo que es más importante, va a constituir un foco cultural de extremada importancia e influencia.
El convento de Espeja no fue, en su fundación, un foco aislado, puesto que en Fuencaliente, apenas a cinco kilómetros, existía un monasterio de monjas cistercienses con el cual coexistió hasta finales del siglo XVI en que, a causa de un incendio, el cenobio de Fuencaliente fue destruido, año 1.584, y las monjas trasladadas a Aranda de Duero.
El Convento mantuvo una gran vitalidad durante los dos siglos siguientes a su fundación, engrandecido y favorecido por obispos y nobleza. Sin embargo, su vida activa no fue demasiado larga. En el siglo XVIII se observa una paulatina decadencia que alcanza hasta los primeros años del siglo XIX en que el abandono de la actividad es bastante notorio.
En 1.821 se inicia el proceso de desamortización de los bienes eclesiásticos paralela a la supresión de las órdenes religiosas. El proceso se inicia en 1.821 pero perdura, en diversas etapas, hasta bien entrado el siglo. Por aquella época el Convento de Espeja permanece cerrado, fruto de su propia decadencia, tan sólo regentado y custodiado por los párrocos de Espeja y Guijosa, a la sazón, antiguos frailes profesos.
Con la expropiación y posterior subasta de los bienes, comienza la ruina física de los edificios, incluida la iglesia. Un guarda custodia lo que queda del convento hasta que, por causas que desconozco, se elimina también esta pobre vigilancia quedando abandonado a su suerte.
En 1.939, año de ingrata memoria; la iglesia, único edificio aún en pie, es salvajemente demolida. Anteriormente, los objetos artísticos habían sido desperdigados, gran parte repartidos entre las iglesias comarcanas; otros por el resto de España y otros, los menos, en el extranjero. No faltaron tampoco los expolios de ladrones y vecinos. No fue mala pitanza para tanta rapaz.
Hoy en día el viajero curioso puede acercarse por los restos de lo que fue en, otro tiempo, insigne convento. Allí verá la antigua fuente, algunos jabinos, muchos escombros, unas colmenas y el paredón del hastial del coro conservado, por no se que extrañas razones, y que indica el lugar en donde estuvo ubicada la iglesia.
Haciendo un ejercicio de abstracción uno puede emocionarse evocando los días de gloria del Convento. Cerrando los ojos se podrá ver la iglesia repleta de arte, el palacio de los Condes de Castrillo, la huerta plagada de frutales, los establos llenos de animales, los frailes en oración de maitines; en fin, todo un período trascendental de la historia, el arte y la cultura de nuestro pueblo. Algo que hoy no podemos disfrutar a causa de la barbarie y la incultura.
Del Convento de Espeja no se conoce ningún trabajo concienzudo y extenso, ni de carácter histórico ni artístico. Algunos autores lo citaron de pasada o hicieron pequeños estudios relativos a aspectos concretos o muy generales: aún así existe un desconocimiento absoluto por falta de una investigación seria y elaborada.
En este capítulo, al igual que en el resto del trabajo, me voy a limitar a ordenar, mencionar, detallar, transcribir y, en ocasiones glosar los testimonios y los escritos que he podido encontrar de otros autores. Es por tanto un ejercicio que se ajusta a las siguientes proporciones: 80% recopilación de datos y 20 134711880nvestigación.
Para un mejor orden voy a dividir la vida del convento en tres jalones principales que resumirían sus 400 años de historia en nacimiento, desarrollo y muerte.