DESARROLLO

   Para aclarar ideas y resumir todo lo anterior diremos que el Convento de Jerónimos se funda, en precario, en 1.401; su fundación oficial es la que se refleja en la cédula de fundación: 1.402; se termina la construcción del mismo en 1.403[1][15]. Las propiedades y rentas de que se mantiene, en estos primeros momentos, son las donaciones de Peñaranda, las rentas de Espeja, Orillares, La Hinojosa, Guijosa y Santo Bernat y las tercias reales de Valdenebreda (SIC).

   D. Pedro de Frías murió en Florencia en el año 1.525 y, como anuncié el el capítulo anterior, sus huesos descansan en la catedral de Burgos.

   Según el Diccionario histórico-geográfico de Pascual Madoz, componían el convento dos patios cuadrados con dos órdenes de claustros y celdas, hospedería, graneros, corrales, fuente y una extensa huerta cercada -que aún subsiste- y, por supuesto, la iglesia.[2][16]

   Fueron bienhechores del convento los señores de la Casa de Avellaneda. Merced a su mecenazgo, el Convento de Espeja alcanzó su punto culminante de  brillantez durante los siglos XVI y XVII.

   Fue primer patrono D. Francisco de Zúñiga y Avellaneda, tercer Conde de Miranda y Virrey de Navarra. A su muerte, en 1.525, el patronazgo pasó a su  hermano Diego de Avellaneda. D. Diego fue presidente de la Real Chancillería de Valladolid y obispo de Tuy, el más señalado benefactor del convento. Antes de acceder al patronato del convento, siendo provisor del Obispado de Osma, donó al monasterio la ermita de la Virgen de Castro, en Clunia, con todas sus heredades. El convento tomó posesión de estos bienes en 1.514. D. Diego murió en 1.537, dejando en su testamento el deseo de ser enterrado en la iglesia del convento.[3][17]

   D. Bernardino González de Avellaneda, primo hermano del anterior, heredó el patronazgo en 1.537. Aumentó las rentas y engrandeció la iglesia. Según Loperráez, al que estamos siguiendo constantemente, edificó la capilla mayor y el presbiterio. No tenemos noticias de su enterramiento en el interior del convento.

   Otro personaje, menos conocido, de la casa de Avellaneda fue D. Bernardino de Avellaneda que, entre otras cosas, fue Capitán General de la armada española. Donó al Convento de Espeja el estandarte de la nave capitana  y otros muchos trofeos militares. Enfrente del estandarte dejó escrito lo que sigue:

   "Para memoria del Ilustre D. Bernardino de Avellaneda, caballero del abito de Calatrava, y comendador de su orden, gentil hombre de S.M., virrey de Navarra, asistente de Sevilla, capitán general de las galeras de España, y primer Conde de Castrillo".[4][18]

   A partir de este momento el patronazgo pasará, en línea directa, a los descendientes de los Condes de Castrillo que continuarán la misma línea de generosidad que sus antecesores. A ellos se debe la construcción de un palacete[5][19] adosado a la capilla mayor de la iglesia y una cripta subterránea a modo de panteón familiar:

   "A un lado y otro del presbiterio hay dos balcones dorados por donde pueden oir misa desde su cuarto los Condes de Castrillo, por estar contigüo a dicha capilla un regular palacio, que debajo de el y el presbiterio de la capilla mayor tienen boveda para los entierros de sus patronos y sus hijos, entrandose en ella por la antesacristia al rededor de la capilla mayor y en el friso de la cornisa hay escrito una memoria de letras mayusculas dadas en negro, que dice lo siguiente:

   ESTA CAPILLA Y CRUCERO DE LA REJA ADENTRO, DOTO, REEDIFICO, Y ACABO DE SUS PROPIOS BIENES EL ILUSTRE D. DIEGO DE AVELLANEDA, OBISPO DE TUY, Y PRESIDENTE DE LA REAL CHANCILLERIA DE GRANADA. SON PATRONOS UNICOS EL EXMO. SEÑOR CONDE DE CASTRILLO, VIRREY Y CAPITAN GENERAL DEL REINO DE NAVARRA, Y SUS SUCESORES PERPETUAMENTE EN SU CASA Y MAYORAZGO. ACABOSE ESTA OBRA AÑO MDCXXVIII.

  


 

   En esto Loperraez acusa una grave contradicción, o un despiste. Anteriormente afirma que Bernardino González de Avellaneda es el patrocinador de las obras de la capilla mayor y presbiterio. Según la inscripción el autor fue D. Diego de Avellaneda y así es efectivamente pues en los pies de la iglesia, en el hastial que aún permanece en pie, se puede ver el escudo del obispo D. Diego.

   En 1.788, cuando escribe Loperraez su obra, el Convento  se encuentra  intacto, engrandecido y mejorado gracias a la acción de generosos mecenas y a la consolidación que le van dando los años. De todo lo anterior se desprende que la iglesia sufrió grandes transformaciones, en varias ocasiones, con superposición de estilos y dependencias. Más adelante haremos un intento de reconstrucción artística.

   A pesar de los numerosos bienhechores, tan solo tres miembros de la casa de Avellaneda van a elegir el Convento de Espeja para el descanso eterno. Van a erguir sus sepulcros en el interior de la iglesia D. Diego de Avellaneda, ya citado; D. Diego de Avellaneda e Isabel Proaño, su esposa, que descansarán juntos y D. Lope de Avellaneda. En el segundo de los sepulcros no aparece la fecha. D. Lope falleció en 1.586.

   Durante estos años de franco apogeo muchos son los valores que emanan del convento de Jerónimos. La vida monacal se deja notar en varias áreas fundamentales: la cultura, la economía y la religión.

   De la vida cultural del convento todo hace pensar en la existencia de un taller artístico, cuya principal actividad sería la ejecución de libros cantorales miniados y vestiduras sagradas.[6][20] El cantoral que se produjo en el convento fue de gran tamaño, introducido en España en el siglo XV, diseñado para colocar en medio del coro apoyado en un facistol, así todos los miembros de la comunidad pueden leer la partitura. En la catedral de El Burgo de Osma se conservan buena parte de ellos.[7][21] En cuanto a las casullas, en las iglesias de Espeja y Guijosa se conservan algunos ternos de maravillosa factura.

   Además de la actividad artística, otra función primordial era la administración de los bienes y rentas, el trabajo en las propiedades, la gestión de los arrendamientos.... en resumen la gestión empresarial propia de un establecimiento agropecuario de gran entidad. Es de suponer la existencia de fuertes lazos de dependencia mutua entre la propia comunidad de religiosos y las poblaciones comarcanas; en primer lugar por las relaciones económicas  digamos "libres" tales como el comercio, la contratación ...; por otra parte la dependencia subsidiaria de esa misma población hacia una institución religiosa con ciertas características de señorío jurisdiccional: cobros de rentas, administración directa de ciertos montes y terrenos hoy en día comunales etc... Todos estos aspectos están aún por estudiar.

   La circunstancia, no obstante, más fácilmente perceptible es la propiamente religiosa. Entre los frailes encontramos confesores de obispos, consejeros de nobles, albaceas...

   Otro aspecto fundamental relativo al flujo religioso es la certeza del empleo de los frailes como párrocos titulares de los pueblos vecinos. Desde su fundación hasta su caída, los curas párrocos de Espeja, Orillares, San Asenjo, La Hinojosa y Guijosa fueron frailes profesos del Convento.

   Nada sabemos del comportamiento humano de los frailes, ni de las relaciones personales con las comunidades campesinas. Averiguarlo resulta un ejercicio imposible si no disponemos de una investigación concienzuda que hoy por hoy no existe; no obstante contamos con un testimonio del Padre Sigüenza[8][22]alabando las virtudes y limosnas del Convento:

   "Haze mucha limosna la casa a los pobres de aquella tierra, que es gente  necessitada, y el suelo tan esteril, y si no fuese por la gran piedad del Convento, que casi los sustenta, passarian gran miseria, y hambre, y aunque al convento no le sobra, para hacer limosna no falta".

  


El padre Sigüenza, como todos ya sabemos, es un jerónimo; en esa alabanza a la caridad del Convento apreciamos mucha exageración tendente a alimentar la idea de una comunidad solidaria con la población. Maticemos; no puede considerarse una comarca pobre y miserable cuando, apenas cincuenta años despues, Espeja va a conseguir el título de villa a cambio de mil cuatrocientos ducados. Evidentemente en aquella época y en aquella zona, como en todas las del mundo, habría un cierto número de indigentes, enfermos, huérfanos, viudas y marginados de toda índole necesitados de caridad, pero no se puede generalizar toda vez que, además, se cometería un error flagrante. Sí es cierto que Espeja, por su propia posición, estaba rodeada de zonas de una pobreza endémica; al Norte de la sierra de Costalago y su prolongación se abrían unos territorios con escasos recursos económicos por falta de tierra y dureza climática. Espeja, en un balcón que mira a la ribera, sin ser de natural rica en recursos y rendimientos, siempre dispuso de unos cientos de hectáreas que sembrar, regulares pastos para el ganado y leña suficiente para el invierno. Quiero decir que no creo que faltara, en cada casa, un trozo de pan y un pinazo.

   A finales del Siglo XVIII el Convento mantiene intacta su plena actividad, sin embargo, ha iniciado ya su decadencia. Esta decadencia no es muy fácil de explicar, más bien parece ser el resultado de un retroceso espontáneo de la orden, o quizás hubo otro tipo de problemas más de orden local e incluso, también es posible, que la lejanía de los centros clásicos de actividad propiciara su propia caída de forma lenta y ralentizada; en este caso la caída del Convento habría que interpretarla dentro de un contexto más general como de una decadencia de toda la comarca de influencia.

   Dejando atrás posibles hipótesis, lo cierto es que cuando escribe Loperraez -1.788-, en el Convento hay tan solo 16 religiosos y, pocos años más tarde, en 1.821, aparece clausurado a todos los efectos aunque mantiene en las cinco parroquias sendos frailes profesos del Convento como curas párrocos.[9][23]

   Según Núñez Marqués, que recoge el apunte en la obra "Guía de la catedral de El Burgo", los frailes abandonaron el convento en 1.809 aunque no señala la procedencia del dato. En 1.820 el cabildo de la catedral solicitó formalmente los cantorales, alhajas, imágenes y demás objetos de valor que aún se hallaban en el interior de la iglesia.[10][24]    En 1.821, aparece como cura párroco de Espeja, Fray Nicanor Catabrana.[11][25]


 


[1][15] Excluida la iglesia que se comenzó en el Siglo XVI, un siglo después de la fundación. Anteriormente los oficios debían celebrarse en la antigua ermita de Santa Águeda.



[2][16] Esta descripción es del año 1.848.



[3][17] LOPERRAEZ CORVALAN, Juán. Op. Cit.



[4][18] LOPERRAEZ CORVALÁN, Juán. Op. Cit.



[5][19] LOPERRAEZ lo cita como "un regular palacio", más bien pensamos que sería un pequeño palacete o casa de campo.



[6][20] Historia de Soria.



[7][21] En la época de la desamortización se conservaban en el coro de la iglesia treinta y tres de estos cantorales.



[8][22] SIGÜENZA, José de. Op. Cit.



[9][23] Apreciamos una contradicción, más bien una lectura equívoca de las fuentes pues D. Teófilo Portillo, en su obra ya mencionada "El desierto y la celda en la vida y muerte del Obispo Juán de Palafox y Mendoza", recoge un dato encontrado en la documentación de la catedral. Es un apunte de contabilidad en la que se consigna un determinado gasto en concepto de paños para hábitos destinados al Convento de San Jerónimo; allí se afirma que hay 28 religiosos en el año del apunte que es el de 1.786. Sabemos con toda certeza que en 1.821 el convento está, a los efectos, abandonado; no nos parece acertado el dato de 1.786.



[10][24] NÚÑEZ MARQUES. Op. Cit.



[11][25] Este fraile aparece como titular de Espeja al menos hasta 1.841


 
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